
Me encuentro en el Cementerio Público de Dolores ayudando a un buen amigo a tomar unas fotografías para su trabajo. Después de media hora bajo el sol (y con gripa del 2o grado) buscando la fosa común, veo "eso" que llama mi atención y comienzan a tomarse las fotos.
Confieso que nunca había estado en un panteón, o si había estado era muy pequeña para recordarlo. Me pareció muy curioso (por no decir absurdo) cómo para algunos no basta enterrar el cuerpo dentro de un féretro sino que hay tumbas que parecen casas- con construcción en concreto y ventanas con herrería más compleja que la de una casa común.



Quizá por la cercanía del festejo,
encontramos a varios ciudadanos
ofreciendo sus servicios de limpieza de tumbas.
Traen consigo cepillos, trapos, cubeta y agua sucia.
El servicio cuesta sólo $10.
Creemos que este hombre venía directo de la cantina.
La sensación de ver nombres de desconocidos con fechas de defunción previas a tu nacimiento es dificil de explicar. Mientras caminaba me preguntaba ¿cómo es que habrá muerto la mayoría de esta gente? ¿cuál habrá sido la muerte más trágica? Entonces levanté la mirada...

Realmente era poca la gente que estaba visitando a sus familiares. Lo bueno es que nosotros no íbamos en busca de eso.
Algunos empezaban a prepararse para decorar de acuerdo a las festividades.

Para otros resulta el lugar ideal para ir a platicar y caminar o descansar.
El ambiente en un panteón un día como aquel no es triste. Tampoco me atrevo a declarar que es alegre o energizante pero no es tan sombrío ni intimidante como pensé.

Así culminó nuestra breve estancia entre aquellos los que en paz descansan.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada